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20/10/2011
IBERDROLA REFUERZA LA APUESTA POR EL ARTE CON LA INSTALACIÓN EN LA TORRE DE DOS OBRAS DE DARÍO URZAY
VTR ENTREVISTA URZAY
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El pintor bilbaíno Darío Urzay ha presentado hoy en la Torre Iberdrola las dos obras creadas para el edificio, que se han instalado en el vestíbulo con los títulos ‘Paisaje nocturno I y II’. La presentación de los cuadros de Urzay se enmarca en la apuesta de Iberdrola por el arte y la cultura y se suma a dos obras de gran relevancia instaladas recientemente en el vestíbulo de la Torre.

En primer lugar, el mural “Natura Imaginis” un enorme cuadro creado por el pintor Jesús María Lazkano que recrea las raíces del parque natural de Urdaibai, donde el autor vive y trabaja. La obra, de grandes dimensiones –seis metros de alto por 14 de ancho—está dividida en seis plafones que representan un oasis de naturaleza en medio de la ciudad. Asimismo, el vestíbulo de la Torre cuenta con una escultura de Cristina Iglesias, consistente en unas celosías colgadas del techo a la entrada del auditorio, con vistas a la ría y al Paseo de Abandoibarra
A estas dos importantes obras se suman ahora los cuadros de Urzay, que nació en Bilbao en 1958, donde posteriormente estudió Bellas Artes en la Universidad del País Vasco. Su trayectoria está jalonada con varios galardones: en 1983 obtiene el premio Gure Artea y en 2005 su trabajo es reconocido con el Premio Nacional de Arte Gráfico y el Excellence Work Award en la Bienal de Beijing.
Importantes colecciones cuentan con obras de Urzay en sus fondos, como el Museo Guggenheim Bilbao, el Centro Nacional Museo Reina Sofía en Madrid, la Deutsche Bank Collection de Londres, el Museo Patio Herreriano de Valladolid o el museo ARTIUM, entre otras.



Pinturas de Darío Urzay

Documento relativo a las obras

Titulo: “Pasaje nocturno I” “Pasaje nocturno II”

Cuando paseamos de noche por Bilbao, podemos observar diferentes tipos de luces artificiales que podríamos clasificar en dos grupos: las dinámicas (las de los faros de los coches), cuya autonomía depende de cada vehículo, y las estáticas, situadas en calles y edificios cuya fuente de energía procede de la distribución de Iberdrola. Además, mirando hacia lo alto, en días despejados, manifiestan su destello la luna y las estrellas.

Mediante la conjunción de estas fuentes luminosas, de distinta intensidad, la noche desvela parcialmente la villa. En el tejido urbano, los edificios incitan a nuestras miradas a dirigirse hacia sus interiores a través de aberturas iluminadas.

Durante el día la luz solar hace evidentes los volúmenes y la materialidad de los edificios. Nuestras percepciones interpretan las sensaciones, seleccionan y organizan los datos observados, para con ello construir las imágenes del entorno urbano. Las miradas suelen ir más hacia el exterior, hacia los contornos o las fachadas que hacia el interior. Tradicionalmente, las texturas de las construcciones evidencian la solidez de las mismas.

La Torre de Cesar Pelli utiliza la luz como elemento estructural importante. La piel de cristal que recubre las fachadas inclinadas del edificio, recoge visualmente el entorno. En la reflexión hay un cambio de dirección de los rayos luminosos al incidir en una superficie y ser devueltos oblicuamente. Durante el día, el paso de las nubes que evolucionan por el cielo queda reflejado. Los planos de cristal devuelven imágenes en movimiento verticalmente distorsionadas.

Durante la noche la iluminación artificial del interior ofrece otra visión muy distinta de la Torre. Totalmente iluminada, manifiesta el interior y busca la correspondencia con el volumen, bajo una apariencia más liviana de lo construido.


Contacto de Iberdrola con el artista

Hace un tiempo, Iberdrola contactó con el artista y le propuso la realización de dos obras para situarlas en el hall del edificio. Durante las primeras visitas a la torre, lo primero que convino Urzay fueron las dimensiones de cada una de las piezas, buscando unas proporciones para las mismas que dialogaran con cierta armonía con el resto de elementos del espacio que las iba a albergar. Por situación y relaciones espaciales, estas medidas pasaron a ser de un metro y ochenta centímetros de lado por casi cuatro metros de alto.

Para el tema, el autor abordó algo tan relacionado con la compañía energética como es la luz y, al mismo tiempo, decidió que la propia construcción de Pelli sería una referencia para el comienzo de las pinturas.

Urzay pensó en utilizar como imágenes preliminares unas fotografías basadas en el procedimiento de los “camera-strokes” que desarrolló en los años 90. Estas son fotografías tomadas moviendo la articulación de brazo y mano que sujeta la cámara durante un tiempo de exposición de unos cinco a siete segundos. El movimiento imita un brochazo en el espacio, delante de un motivo lumínico. El resultado es lo que habitualmente entenderíamos como “fotos movidas” en las que aparecen haces de luz recorriendo la superficie. En aquel entonces, los motivos fotografiados correspondieron a las vidrieras de la catedral de Burgos y a la de Colonia.

Los camera-strokes de la luz profana de la Torre han sido realizados por el artista al tomar las fotografías desde un punto de vista tan cotidiano como es la ventana de su casa: “mas que ver construir la torre día a día, la he visto crecer” comenta Urzay al respecto.

Durante días sucesivos, alrededor de trescientas fotografías nocturnas fueron realizadas hasta conseguir mediante un procedimiento tan aleatorio, unas imágenes de base adecuadas. Se eligieron las noches en las que el tono del cielo y el edificio llegaban a confundirse, quedando visibles solamente las luces de las diferentes plantas. Al respecto, dice el artista: “mas que la solidez del edificio, me interesaban unos puntos de luz que el arquitecto ha situado a determinadas alturas. Esperé a que los contornos de la torre se fundieran tonalmente con el cielo”.

Los haces de luz de la torre y los de la calle se entrelazan por el gesto rápido del movimiento. Y también apunta:”Las fotografías iniciales son imágenes de experiencia capturada durante unos segundos, gestos rápidos realizados con un estado de ánimo determinado”.

De las imágenes tomadas fueron escogidas dos que fueron procesadas mediante un código pictórico en el ordenador. En ese momento comenzó un proceso de pintado digital que fue llevado al soporte de aluminio mediante impresión industrial.

Una vez montadas en bastidor, las dos obras fueron continuadas en el estudio del artista utilizando óleo, pigmentos y resina hasta darse por acabadas.

Las piezas están terminadas con un acabado de resina brillante. Colocadas en su emplazamiento, ofrecen al que mira las imágenes pintadas, quedando superpuestos al verse reflejados en la superficie los elementos interiores del gran atrio, entre los que se encuentran los primeros puntos de luz que iluminan ese espacio.

Como en una gran parte de las pinturas de Dario Urzay, es difícil aprehender las obras desde un solo punto de vista, debido a los reflejos. Son imágenes que buscan un punto de vista nómada. El espectador tiene que ir moviéndose para ir percibiendo y construirlas como totalidad. Estas piezas, entre otras cosas, son parte del contenido emocional de la torre: “No son una parte estructural del edificio pero espero que lleguen a ser una parte importante del contenido emocional del mismo”, concluye.
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